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Proyecto Arqueológico La Trinidad.

F. Discusión (El Tamarindo y la Gran Nicoya)

El Tamarindo (Dep. Estelí) se encuentra dentro del área, que fue denominada por los investigadores como Gran Nicoya, Área Intermedia ó Área Central, ya que las zonas al sur de Honduras fueron consideradas marginales en relación con las culturas mesoamericanas. La razón principal era la ausencia de una arquitectura monumental y de este modo también de culturas altas.

El concepto de Mesoamérica fue introducido por Kirchhoff (1943), quién presentó una tabla en la que concentró los elementos típicamente mesoamericanos. Últimamente se han hecho algunos intentos por discutir la validez teórica del concepto de Mesoamérica. Las criticas más destacadas son que el procedimiento mismo de la clasificación a partir de rasgos culturales desnaturaliza la cultura; que Kirchhoff al elegir los rasgos que le servían de base de su definición, no los sistematizó ni los jerarquizó; que estos son propios solo de determinadas áreas, y que el resultado no es el reflejo de una superárea cultural dinámica sino de un momento determinado de la existencia de Mesoamérica, precisamente la víspera de la conquista (López Austin y López Luján 1996: 59; Matos Moctezuma 1994: 56). Las discusiones acerca de la validez del concepto de Mesoamérica se centran frecuentemente en el tema de la ubicación de sus fronteras, pero queda el problema de definir los límites exactos, no solamente debido a la compleja historia de la cultura de la región, sino también debido a las insuficiencias en las fuentes de información (etnohistoria, linguistica, arqueología) que existen. Algunos autores, como Stone (1959) y Baudez (1970) llegan a proponer una delimitación sur de la frontera (de Mesoamérica), que se circunscribe a la región pacífica de Nicaragua y la Península de Nicoya. Pero Baudez mismo admite que, aunque las culturas de la región pacífica poseyeron muchos rasgos característicos de Mesoamérica, eran esencialmente marginales a la civilización mesoamericana. Más bién, la zona pacífica de Nicaragua sería una zona de tradición mesoamericana (información sobre el término „Mesoamerica“ tomada de v. Broeckhoven 2002).

El término „Gran Nicoya“ fue introducido por Norweb (1961) para designar un área cultural propia del extremo sureste de Mesoamérica, clasificándola como una sub-área de dicha superárea. „Gran Nicoya“ está definida como una linea imaginaria que abarca toda la costa del Pacífico de Nicaragua, desde el Golfo de Fonseca hasta la Provincia de Guanacaste en Costa Rica. Incluye además a los grandes lagos nicaragüenses y parte del Departamento de Chontales. Lange (1984) propuso posteriormente una división de Gran Nicoya en dos sectores (norte y sur). El Sector norte abarca toda la costa pacífica de Nicaragua, incluyendo las zonas alrededor de los lagos Managua y Nicaragua.

El „Área Intermedia“ incluye partes de Centro y Sudamerica y que geográficamente se tiende a dividir en dos continentes. Incluye todas las zonas entre Honduras/El Salvador y el norte de Colombia. El „Área Intermedia“ ha sido debilmente definido y por el término „intermedia“ da la impresión de implicar un área cultural marginalizada y periférica. Para Fonseca (1994) el „Área Intermedia“ se conforma casi precisamente con lo que él llama el área de „Tradición Chibchoide“, una extensión espacial definida por los parámetros de una distribución lingüistica (Constenla 1991). Generalmente incorpora elementos meso y suramericanos, pero demuestra un desarrollo autóctono, aunque claramente dentro de una esfera de interacción más amplia. Fonseca (1994: 209-227) propuso el área de „Tradición Chibchoide“ como una alternativa al difusionismo mesoamericano, lo que permite entender gran parte de la arqueología centroamericana como un fenómeno de desarrollo interno y propio.

Un nuevo concepto, el de „Área central“ fue propuesto recientemente por Hasemann et al. (1996). Critícan la separación entre una zona norte de influencia mesoamericana y una sur de influencia suramericana. Tomando en cuenta la naturaleza fluctuante de las fronteras culturales, bautizaron a esta „zona de transición“ con el nombre de „Área central ó de Interacción“. Ésta área sufrió la influencia de numerosas intrusiones mesoamericanas que comenzaron, según los autores, a partir de 1500 A.C. y se prolongaron hasta la llegada de los españoles. La zona comprende „los modernos territorios de Honduras y El Salvador (con exclusión del área maya), así como al flanco del Pacífico de Nicaragua, las estribaciones al norte y noroeste de los grandes lagos y la península de Nicoya en Costa Rica...“ op.cit.: 46).

Los grupos indigenas del norte de Nicaragua

Durante nuestras investigaciones en El Tamarindo la gente a veces nos preguntaba que cultura ó que grupo indigena habitaba en el lugar. Por falta de información etnohistórica y estudios arqueológicos para la región, resulta dificil responder de una manera satisfactoria. Lo mejor sería hablar de „los antiguos pobladores de Tamarindo“ para no asignar los restos arqueológicos a un particular grupo étnico, no comprobado científicamente.

Las fuentes etnohistóricas (p.e Oviedo, siglo XVI) mencionan solamente a los chondales ó matagalpas como antiguos pobladores de la zona norte y noroeste de Nicaragua . Parece que eran los términos comúnes para todos los grupos autóctonos de esta región, porque es conocido que hubo una gran diversidad de grupos linguisticos y posiblemente étnicos (ver Incer 2002). La mayoría de los investigadores supone, que en Nicaragua, antes de la llegada de los nahua-hablantes, se estableció un escenario multi-étnico, donde convivieron grupos independientes (con diferentes idiomas) sin ninguna organización política, económica ó religiosa sobresaliente (Lange et al. 1992). No hay conocimientos sobre la organización social de estos grupos locales, que probablemente estaban organizados en cacicazgos (Lange et al. 1992: 265ff.; Newson 1987: 64). Sus nombres originales quedan en el olvido.

Para Fernández de Oviedo los chondales „es gente más avillanada, e moran en las sierras o en las faldas dellas“ (en v. Broeckhoven 2002: 10), pero no queda claro de que región hablaba, porque no aporta más detalles sobre el tema. Algunos documentos coloniales mencionan lugares como Condega y Somoto con una población chontal (op.cit.: 8). Éstos pueblos no se encuentran lejos del sitio prehistórico El Tamarindo. Según Lothrop (1926) el término „Chontal o Chondal“ se refiere a un gran número de pueblos indígenas que habitaban la región que hoy en dia cubre los departamentos de Boaco, Chontales, Matagalpa, Rio San Juan, Nueva Segovia, Madriz y Estelí. Las investigaciones arqueológicas que se llevaron a cabo en Las Segovias y otros datos proveniente de áreas ocupadas por supuestos grupos Chondales-Matagalpas, reflejan diferencias en cuanto a la cultura material, las cuales no podrian ocurrir si se tratara de un grupo más homogéneo (Gorin 1990; Espinoza y Rigat 1994).

Oviedo hace mención de una lengua propia de los chondales: „Los chondales assimesmo son diferentes de los unos é los otros en la lengua, é no se comunica la de los unos con la de los otros...“ (en Esgueva 1996: 125). López de Gómara la califica como „grosero y serrano“ (López de Gómara 1975: 123). Los chondales, así llamados en las primeras crónicas fueron rebautizados como matagalpas por el lingüista Daniel Brinton a fines del siglo dieciniueve. Incer (2003: 135) piensa que los Chontal-Matagalpas estaban emparentados por lengua con los Ulúas del sur de Honduras.

Sea como fuere, la ocupación inicial del sitio El Tamarindo ocurrió mucho antes de la época colonial y también antecedió la llegada de grupos nahua-hablantes (p.e. los nicarao). Por consiguiente, no sabemos que grupo (étnico y/o linguistico) habitó esta zona durante las fases Polícromo Temprano y Medio (300-1350 D.C.).

Muchas veces la cerámica supuestamente sencilla, p.e. estilos incisos y negativos, es tomada como sinónimo de una ocupación local, mientras la aparición de estilos polícromos es interpretada como una influencia foránea. Los tipos Vallejo y Papagayo Polícromo, encontrados en las capas superiores de Tamarindo (= ocupación tardía del sitio), fueron atribuidos a la sucesiva llegada de grupos mesoamericanos (chorotegas y nicaraos). Hasta el momento nadie se atreve de definir algunos tipos de cerámica polícroma (p.e. Vallejo Polícromo) como propios de la „Gran Nicoya“, a pesar de su gran distribución en esta área. Al contrario, la cerámica polícroma generalmente es visto como algo importada ó introducida, una evaluación que debe ser revisada en el futuro.

Healy (1980) asocia la aparición del Papagayo Polícromo a la llegada de los chorotegas al Pacífico de Nicaragua al comienzo del período Sapoá (a partir de 800 D.C.). La mayoría de los investigadores ubica la procedencia de los chorotegas en México, pero su zona de orígen queda a oscuras. En cuanto a su identidad, hoy la mayoría de los autores están de acuerdo en que los chorotegas y los chapanecas tenían la misma identidad étnica y lingüistica: „Los chorotegas representan la parte más meridional del tronco Oto-mangue. Sus procedencias lingüisticas se relacionan con los pueblos Chapanecos del Oeste de México.“ (Chapman 1960: 79). Se postula que llegaron a Nicaragua „en los últimos siglos del primer milenio de la era cristiana“ (p.e. Arellano 1970).

Por otro lado, se vincula la aparición de la cerámica Vallejo Polícromo con la llegada de los nicarao durante el período Ometepe (después de 1350 D.C.). Según la información etnohistórica los nicarao eran nahua-hablantes, pertenecientes al mismo grupo lingüistico que incluye los mexica y tolteca de México central y los pipil de El Salvador (Fowler 1989; Hoopes/McCafferty 1989). Llegaron a Nicaragua y se asentaron en los alrededores del lago Nicaragua supuestamente a causa de una gran sequía y por los conflictos con otros grupos nahua (ver Esgueva 1996: 20ff.). Atributos nahua, citados por los cronistas para los nicarao, incluyen una propia lengua (nahuatl), un sistema calendario y un panteón religioso común. Como hemos mencionado antes, la cerámica del estilo Vallejo Polícromo fue asociado a los nicarao (p.e. Day 1984; Lothrop 1926).

Según lo expuesto, los dos estilos polícromos (Vallejo y Papagayo), encontrados en muchos sitios arqueológicos de la „Gran Nicoya“, serán productos de la „mesoamericanización“ de este área, que empezó alrededor de 800 D.C. con la llegada de los chorotegas y continuó posteriormente con los nicarao (ver Fowler 1989; Hoopes/McCafferty 1989; McCafferty/Steinbrenner 2005: 135; Vázquez et al. 1994).
Los nuevos datos obtenidos durante nuestros trabajos en El Tamarindo no soportan ésta teoría general. La cerámica polícroma de los estilos Papagayo y Vallejo aparece dentro de los mismos contextos estratigráficos (incluso se encontraron vasijas de los dos estilos en una misma urna), lo que significa que los dos tipos coexistieron durante la fase final de la ocupación del sitio. Como la mayoría de los estilos identificados en Tamarindo pertenecen a los períodos Polícromo Temprano y Medio, se sitúa los dos tipos dentro de la fase final (P. Medio), no descartando un fechado posterior (inicios del Período Polícromo Tardío).

Nuestras suposiciones se fundamentan también en los resultados del Proyecto Santa Isabel (Rivas). La cerámica Vallejo Polícromo, al igual que otros tipos, apareció en este sitio en contextos que datan entre 900-1250 D.C. (12 fechados de radiocarbono). Esto significa que debe pertenecer al Polícromo Medio ó Sapoá y después de todo debe ser más o menos contemporáneo con el tipo Papagayo Polícromo (McCafferty/Steinbrenner 2005).

En conclusión, los resultados de los dos proyectos contradicen la cronología general para la Gran Nicoya, debido a que la fase Ometepe se relaciona con la migración de los nicarao. Los posibles cambios en la secuencia cronológica tendrían importantes implicaciones en la historia cultural de la región.

En realidad, la influencia mesoamericana debe haber sido débil, ya que no tenemos evidencias de un estado territorial con arquitectura monumental. El panteón mesoamericano está solamente presente en algunas estatuas de piedra y en la iconografía de la cerámica tardía. La llegada de grupos, como chorotegas y nicarao, durante la prehistoria tardía no conllevó notables cambios políticos-sociales en la región. El debate sobre la pertenencia del Nicaragua prehistórico a Mesoamerica, Gran Nicoya ó al Área Intermedia implica una fuerte influencia (y dominancia) de culturas foráneas sobre grupos autóctonos y deja de lado los desarrollos propios de las diferentes étnias locales y regionales, las cuales convivieron en el vasto territorio nicaragüense. Futuras investigaciones deberían preocuparse por explicar el desarrollo regional con sus particularidades locales, en vez de concentrarse en lo mesoamericano (ver Fonseca 1994: 227). La aparición de nuevos estilos cerámicos (polícromos) no necesariamente implica su introducción por parte de grupos foráneos sino podría ser producto de un propio desarrollo.

Por todo lo expuesto no vamos a negar la existencia de sistemas de intercambio con grupos foráneos. Los hallazgos de una figurina de marmól, lascas de obsidiana y fragmentos de cerámica Babilonia y probablemente Ulúa Polícromo en El Tamarindo evidencian un fuerte contacto con la zona sur de Honduras.

Según la información de los cronistas es obvio, que existieron rutas de intercambio entre Nicaragua y el Centro de México, que se frecuentaron durante la época de los españoles y podemos concluir que dichas rutas ya se utilizaban desde tiempos más remotos. Al mismo tiempo, es enigmático que arqueológicamente encontremos muy poco material que suscriba tales contactos.

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